Wednesday, October 04, 2006

Al ritmo del sol y de los mosquitos

Cuanto tiempo… Pero al fin he conseguido estar un rato sola, espero que no se ponga a llover y se me vayan la luz y el Internet al carajo, como la ultima vez que intente conectarme.
Creo que no he hablado del sitio en el que estoy, bueno, es una ciudad administrativa, como Santiago de Compostela. Creo que ya he dicho que Nuestro Amado Presidente es de esta region, y ayer me entere de que ademas es dela tribu Bulu, que es la mayoritaria aquí.
Como en Santiago, pues, aqui tampoco hay apenas industria, aparte de la sede de la Radiotelevisión estatal y las Destilerias del Camerún (pues si, pan y circo, eso no falla), y tres o cuatro almacenes que recogen el cacao de los campesinos para llevarlo a Duala: ahora que es la estacion es normal ver un taxi que ademas de los siete u ocho pasajeros de rigor lleva cuatro sacos de cacao en el maletero y dos paisanos sentados encima.
Y es que esto es algo que cualquiera que se haya enfrentado al metro en hora punta debe ya saber, que el transporte publico esta en otra dimension espacial, donde la capacidad es “n mas uno”, siempre cabe alguien mas, y aqui esta regla se cumple al limite. Esta manana cogi un taxi que al final del trayecto parecia mas una guarderia, porque era la hora de entrar al colegio y cada siete metros el conductor paraba para que subiera otro crio... y creo que con toda la gente que habia alli dentro el conductor acabo por olvidarse de mi, porque me dejo a la puerta de un colegio (no del que yo le habia dicho, claro) junto a la mitad del pasaje. Pues bueno.... Y es que aquí se discute mucho, pero casi nadie se queja.
En la linea general del “on se debruille”, nos buscamos la vida, de la gente pobre, no buscamos problemas donde no los hay: si quieres ir a un sitio y te dejan en otro, pues bueno, pues mira, acabas el camino a pie, con el calor que hace no estamos para pelearnos por tonterias...
Como no hay autobuses coges un coche viejo, lo pintas de amarillo y hop, un taxi; como los minibuses que unen las ciudades no tienen maletero, subimos el equipaje al techo; como la chabola en la que vives no tiene una antena decente, y de todas formas la senal es una mierda, te compras un DVD para poder ver videoclips pirateados de bikutsi, makosa y coupe-decale, donde Petit Pays o Les Tetes Brules cantan en bulu, en bafia o en bamileke desde las calles de Paris...
A veces la vida aquí parece una actuación de Gila: dos veces por semana doy clase de ingles a un grupo de 60 crios, en una clase que no tiene puertas, ni ventanas, ni luz, ni siquiera un encerado decente... Menos mal que mis alumnos tampoco tienen ganas de aprender! Porque aunque las tuiveran, si no tienen libros, ni diccionarios, ni hay una biblioteca decente en todo el pueblo...
Un amigo nos invito a cenar en su casa, y como era de prever se fue la luz. Bebimos vino Tio de la Bota a la luz de las velas mientras Martial se retorcia de risa mientras nos contaba que se meo encima el dia en que vio su casa saltar por los aires. A la vuelta tuvimos que encontrar el camino entre el barro iluminandonos con los telefonos moviles, y como era un barrio un poco apartado, nos subimos los dos, Martial y yo, en la primera moto que paso: cada vez que tomabamos una curva por la pista de tierra a mi tambien me daba la risa tonta.
Martial es del Pais Anteriormente Conocido como Zaire, y de las tres guerras que ha vivido solo le he escuchado contar una cosa con gesto de pena: que en su pais no hay fuegos artificiales, ni los habra hasta que la gente se haya olvidado de los bombardeos.
Esta el enemigo? Que se ponga...

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